Eric Ekvall/ Campaña presidencial bajo la sombra del fraude

EL TABÚ:  Los pre-candidatos de la oposición están entrando en la recta final de la pre-campaña. Ahora abundan las ofertas, las promesas y los más detallados y generosos programas sociales, todos orientados a atraer a un público cada día más desganado. No sólo está harto de Chávez y de su cínica politiquería, sino harto también de la cada vez más irreal y populista campaña de la oposición. Si uno desconociera la cruda realidad del país, pareciera que esta campaña electoral transcurre en un país digamos excesivamente normal. Pero no es el caso. Vivimos en dictadura.  Una dictadura a la vez brutal y represiva para quienes se atreven a oponerse de frente a ella, o que se encuentran en el lugar equivocado en el momento equivocado (como bien ilustra el caso del Comisario Henry Vivas, preso político desde hace siete años, desfalleciendo poco a poco en un calabozo del SEBIN), y a la vez muy sofisticada, casi invisible, en el sentido que la creciente represión no está percibida como tal por todos.

Los partidos de la MUD y los medios de comunicación llamados independientes (y ninguno de ellos, ni los partidos ni los medios, puede calificarse hoy de independiente frente al poder omnímodo del aparato gubernamental) promueven una ficción que consiste en hacerle creer a la ciudadanía que la oposición es mayoría, que iremos todos a votar el 7 de octubre, que de ahí, con suficientes votos, el candidato de la oposición podrá derrocar el candidato de gobierno, y que el camino hacia una transición democrática y pacífica está allanado.

Esta versión, sin embargo, tiene algo de verdad. Quienes se oponen a la dictadura de Chávez son mayoría, y son mayoría desde hace muchos años, por lo menos desde el 2004, cuando Chávez fue efectivamente derrotado en las urnas, según se deprende de un estudio científico avalado en 2006 por los rectores de la más prestigiosa publicación académica a nivel mundial en materia de estadística, la International Statistical Review (http://bit.ly/gFZela).

Pero ser mayoría no garantiza en absoluto que ésta se traduzca en votos que serán tabulados por el CNE, como tristemente aprendimos hace siete años. Ya en ese entonces más de la mitad de los venezolanos estaba convencida de que el gobierno había cometido fraude para mantenerse en el poder (http://zogby.com/news/2004/12/14/venezuelans-see-their-country-as-unstable-and-risky-for-foreign-investors/), pero el omnímodo poder de la máquina propagandística del gobierno, aunado a una postura complaciente (algunos dirán colaboracionista) de prominentes voceros y dirigentes de la oposición, logró descalificar a los pocos políticos y voces de la oposición que se atrevieron a cuestionar los resultados oficiales. Así, el gobierno logró sofocar la protesta ciudadanía que estaba a punto de tomar la calle.

Siete años después, la situación ha empeorado. Aunque las conclusiones de reconocidos académicos con prestigio internacional que han estudiado a fondo los resultados electorales del 2004 coinciden en calificar de fraudulentos los resultados oficiales de ese año (ver http://www.imstat.org/sts/future_papers.html), ningún medio de comunicación resalta sus informes, y con la excepción de un par de pre-candidatos (que no gozan precisamente de la aprobación de los caciques de la MUD) que se atreven a denunciar el fraude que se nos avecina, el estamento político opositor está mudo.

Los principales partidos de la oposición constituyen hoy un cartel hegemónico. Sus portavoces y los candidatos, con pocas excepciones, emiten a diario insípidas e inocuas declaraciones de principios y tibias críticas al gobierno, cuyo propósito fundamental parece ser pasar agachados y no ofender al gobierno que los oprime (¿o los mantiene?), en lugar de ganar elecciones. Al escuchar el discurso de los más prominentes candidatos, los que copan la atención de los medios, uno tiene que hacer esfuerzos para recordar que ellos representan supuestamente una vigorosa oposición a esta dictadura populista, y no un chavismo sin Chávez.

Dentro de este contexto alarmante llama poderosamente la atención la falta total de interés que tienen los dirigentes de la MUD en alertar sobre el fraude, exigir condiciones electorales medianamente transparentes, y preparar a la ciudadanía para impugnar los resultados del 7 de octubre, que darán sin lugar a dudas la victoria al candidato del gobierno, sea quien sea.

La razón que con más frecuencia se baraja para justificar este silencio cómplice es que si le habláramos sinceramente al país de la realidad del fraude, los ciudadanos se abstendrían de votar, creyendo que el partido está perdido de antemano. Las implicaciones de esta postura, adoptada unánimemente por la MUD y los medios de comunicación todavía considerados independientes – es decir, por todas las voces que nos hablan desde una perspectiva supuestamente oposicionista – son sencillamente espantosas.

Primero, implica que los votantes no saben que el gobierno ha recurrido al fraude, y no creen que el gobierno seguirá cometiendo fraude a fin de mantenerse en el poder. Ya la encuesta Zogby, citada arriba, desmonta esta falacia. Hace cuatro meses, El Nacional preguntó a sus lectores en una encuesta en línea: “¿Piensa que hay posibilidades de fraude en las próximas elecciones presidenciales en Venezuela?” El 27% opinó que era imposible, el 6% respondió que era poco probable, el 18% opinó que era posible, y el 50% dijo que estaba seguro que el gobierno cometerá fraude en 2012.

Es curioso, e inquietante, notar que ninguna empresa encuestadora local se ha interesado en indagar sobre el tema. Pregunté por qué a un connotado encuestador y lo único que pudo decirme era que ningún cliente había pedido que investigara sobre el tema. ¿Será que nadie quiere saber? ¿Simple falta de curiosidad, o complicidad pasiva con el régimen? Lo que sí se puede afirmar es que el pueblo venezolano es mucho más despierto y consciente de lo que pasa en el país de lo que creen las élites. Estas parecen haber olvidado la regla de oro del famoso asesor político, Joseph Napolitan, cuando afirmó que el más gran error que puede cometer un político es creer que el público es bruto.

Así que, según los señores de la MUD y buena parte de los medios de comunicación, las élites políticas que quieren protegernos de la cruda realidad del país, hablar claro al pueblo sobre la realidad del fraude y de cómo combatirlo equivale a  incrementar la abstención. Según esta lógica, en la que la verdad es tabú,  las autoridades civiles y empresarios turísticos de un balneario deberían callar si saben que hay tiburones en las aguas costeras… ¡porque hablar del peligro espantaría a los bañistas!

Muchos observadores han concluido que esta lógica es absurda y hasta contraproducente. Y la existencia de los votantes independientes, los mal llamados Ni-Ni, es prueba de ello. Antes del 2004 la categoría de Ni-Ni no existía. Fue creciendo después de referéndum revocatorio, y alcanzó entre 30% y 50% de la población votante a partir del 2005, cuando una revuelta popular en contra del intento del régimen de utilizar máquinas capta-huellas en las elecciones parlamentarias ocasionó espontáneamente un movimiento abstencionista cuyo propósito era doble: mandar un mensaje a los partidos de oposición, que con la mayor complacencia habían aceptado la imposición de estas máquinas, y quitarle legitimidad al gobierno y a la votación.

La respuesta de los partidos y de ciertos autoproclamados voceros de la oposición no se hizo esperar. Culparon a “la derecha radical” de haber entregado en bandeja de plata la Asamblea Nacional al chavismo y ridiculizaron lo que era en realidad una auténtica y espontánea manifestación de desobediencia civil. La brutal arremetida político-mediática contra esta espontánea iniciativa ciudadana tuvo como propósito recordar a la sociedad civil que los partidos políticos y sus aliados en los medios de comunicación no tolerarían que la sociedad civil decidiera su propio destino, y que la política es, y siempre será, provincia exclusiva de los políticos de oficio.

Pero también tuvo un efecto inesperado: despertó la sospecha en muchos de que cierto sector de la oposición estaba haciéndole el juego al chavismo, ya que lo que más anhela Hugo Chávez es una legitimidad político-electoral bien blindada.

Así nace el Ni-Ni. Es férreamente anti-chavista y votaría por un auténtico candidato independiente que no estuviera contaminado por los partidos políticos tradicionales (y a estas alturas, PJ es tan tradicional como Copei, y UNT tan tradicional como AD), ya que sabe que no puede estar seguro que estos partidos representarán sus legítimos intereses.

En fin, a diez meses de las elecciones presidenciales, la MUD y sus partidos no parecen estar dispuestos a exigir del CNE las más básicas condiciones electorales que, de cumplirse las más elementales, ayudarían a devolverle cierta confianza a la gran mayoría de los votantes en cuanto a  que su voto sea respetado.

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

1. Directiva Imparcial

¿Por qué no se cumple lo establecido en la Constitución y tenemos  directivos del CNE que han sido miembros del partido de gobierno, o altos funcionarios del gobierno?

2. Reapertura de la Fiscalía de Cedulación
¿Por qué no existe un mecanismo de fiscalización controlado por la oposición, para la revisión continua de los electores inscritos en el REP, tal como existió hasta 2002, y tal como lo exigió el Centro Carter?

3. Auditoría independiente del REP
¿Por qué no se ha hecho una auditoría externa del REP, verificando los inscritos en el REP contra sus partidas de nacimiento o actas de nacionalización, y por qué cuando CAPEL hizo su auditoría el CNE no pudo entregar las 12.820 partidas de nacimiento o actas de nacionalización solicitadas reiteradamente por CAPEL?

4. Eliminar capta-huellas
¿Cómo explicar a los  electores de manera convincente que la capta-huellas conectada a la máquina de votación, no tiene la capacidad de identificar al elector? ¿No es acaso esa su función?

5. Invitar Observadores Internacionales
Si el proceso electoral Venezolano se considera entre los más avanzados del mundo ¿por qué  el CNE no permite Misiones de Observación por parte de los organismos internacionalmente reconocidos en la materia, tales como la OEA y la UE?

Y si es electoral un sistema automatizado que amerita complejas y variadas revisiones ¿por qué no se permite su  verificación anticipada por parte de Misiones de Observación?

6. Selección pública y transparente  de  miembros de mesa, coordinadores de centro  y operadores de máquina
¿Por qué motivo no se hace una selección pública y transparente de este personal clave del proceso comicial?

7. Auditorias de las mesas vs.  actas impresas y mesas cerradas
¿Por qué no se escanean y publican las actas de escrutinio y las actas de todas las auditorías?

8. Suspender, so pena de inhabilitación, el  ventajismo  comunicacional del candidato oficial
¿Por qué ha sido y sigue siendo incapaz el CNE de cumplir su deber constitucional en esta materia? ¿Cómo sabemos entonces que cumplirá en las otras?  

9. Sacar  a la milicia del proceso
¿Por qué el CNE permite la presencia de la Milicia en el proceso de votación, si se trata de civiles uniformados y armados de la misma ideología que el gobierno  y que no forman parte de las Fuerzas Armadas reconocidas por la Constitución?

Hasta que la MUD , los partidos políticos y sus candidatos no cumplan con defender los intereses de la sociedad civil – los cuales no son necesariamente los intereses de los partidos, que cada día negocian sus votos a espaldas del público – nadie debería sorprenderse de que exista una creciente desconfianza hacia el estamento político.

Si miraran la realidad de frente, sin tapujos, y defendieran la transparencia del voto, los partidos y sus candidatos, lejos de aumentar la abstención, empezarían a reivindicarse y recuperar su credibilidad frente a un país cada día más cínico y desesperado.

Para los escépticos que opinan, con razón, que el CNE nunca adoptará este conjunto de medidas (ya que esto produciría sin duda la derrota electoral de Chávez), y que la MUD sólo haría el ridículo pidiendo y pidiendo algo que nunca se cumplirá, la respuesta es muy sencilla. Al adoptar una postura firmemente unida frente al CNE, la MUD demostraría que toma en serio la amenaza del fraude. Y al rechazar las exigencias de la MUD, el gobierno se quitaría la careta de una vez por todas y el CNE quedaría identificado como lo que  es de verdad: un ministerio más de la dictadura, cuyo objetivo es garantizarle a Chávez todas las victorias electorales que él quiera.

Quienes quieren de verdad ver un profundo cambio democrático en Venezuela y nunca estarán satisfechos con sólo ver un cambio de gobierno – con los mismos poderes detrás del trono  -  deben exigir a la MUD que hable claro al país: que reconozca que la realidad electoral actual no es más que una vulgar pantomima y que el fraude es una realidad que nos acecha desde el 2004. Deben exigir a la MUD, en consecuencia, que se ponga los pantalones y conforme un frente unido para exigir al CNE que deje de jugar con dados cargados. Son seis candidatos que pueden levantar juntos una fuerte voz de protesta. Dos ya están claros, y se atreven a hablar del tema. ¿Y los demás?

Señoras y Señores, las cartas están sobre la mesa: les toca a ustedes pronunciarse.

Eric Ekvall

Del mismo autor en Por la Conciencia

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