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Las patologías más comunes en los gobernantes de América Latina
José Vales Desde el Cono Sur
Hay enfermedades insondables para el común de las personas. Patologías de la recurrencia que están ahí, a la vista de todos pero que sólo los médicos y los paramédicos, psiquiatras y psicólogos y/o enfermeros principalmente, pueden ayudar a dilucidar sus características y las mejores terapias para contrarrestarlas. Eso si, el paciente lo que están cerca de él se dignan a pedir ayuda para solucionarlo. Esas enfermedades son conocidas como de la percepción, como es el caso de la “Verbigeración” o la “Palilalia“, la que parecen padecer algunos gobernantes y ex gobernantes en América Latina.
Podría abordarse cierta tendencia social a la bipolaridad, por su carácter repetitivo o, por que no, a buscar similitudes colectivas a la conducta del violador. Siempre propenso a repetir el crimen aunque la Justicia los considere ya actos para la convivencia comunitaria. Pero cuando la víctima es una sociedad entera, esta siempre genera sus anticuerpos, y suelen aplicar la máxima en estos casos: “relájate y goza”. Por eso no faltan sociedades que se acostumbran a vivir en la permanente situación de víctimas. Y no son pocas, aún cuando parezca increíble.
La “Verbigeración” es la enfermedad en la que el paciente suele repetir palabras y frases que invaden todo su discurso y la “Palilalia”, la padecen aquellos que repiten la última palabra en cada frase. No son pocos los que políticos, funcionarios, líderes populares que entran en algunas de estas categorías. Pero como este espacio no tiene nada que ver con estamento de salud pública alguno, sólo abordaremos la tendencia a lo recurrente de algunos de ellos.
Por ahí Alvaro Uribe comienza la semana más contento que perro con dos colas. Todo, por el terreno recuperado en el terreno político, aún cuando casi le haya costado la vida a una de sus principales espadas, el ex ministro Fernando Londoño. Ese atentado, que cada hora que pasa genera más y más sospechas en algunos círculos políticos colombianos, ayudó a que el uribismo complete su estrategia de encontrar eco en una opinión pública que volvió a manifestar su desacuerdo con la posible política de paz de Juan Manuel Santos. EL 51 por ciento reprueba la estrategia en materia de seguridad del gobierno colombiano, según las últimas encuestas, mientras un Londoño convaleciente aún no dudó en conjugar el verbo “claudicar” cuando se refería al proyecto de la Ley Macro para la paz.
Un Uribe desesperado por la pérdida de poder, se muestra cada día más recurrente por no decir digno de verbigeración, cuando acusa de connivencia al presidente Santos con Hugo Chávez y de las FARC. Su enfrentamiento con su sucesor y el atentado de la semana pasada enrarecieron rápidamente el clima político en un país donde la política suele tornarse irrespirable.
Paradójicamente, Uribe viene de devolverle un gran favor a su “enemigo íntimo”, Chávez, cuando lo acusó de “asesino”, con el único fin de asegurar las acciones electorales del mandatario venezolano en fase de convalecencia por un cáncer pero no por su recurrencia a repetir la palabra “Bolívar” o “Revolución” al final de cada frase. Incontinencia verbal es lo menos que se detecta en algunos como Uribe o Chávez, que no saben o no pueden mantener la boca cerrada cuando el sentido común así lo indica.
Y en estos días, el comandante-presidente, deberá volver a hablar. No para referirse a la crisis carcelaria que afecta al país, o al inseguridad que crece al ritmo de los rumores de lo que será Venezuela mañana nomás. Sino para dar algunas pistas de cómo serán sus próximos días de recuperación. Si en su estado natural Presidente-candidato o sólo de comandante y jefe de campaña, mientras la salud se lo permita.
Una situación urgente que el chavismo necesita resolver y que el líder quiere demorar todo lo que pueda. No tan urgente como la coyuntura argentina. Aquí, la economía ay encendió sus alarmas que cada día hacen más ruido. El férreo control cambiario aplicado por el gobierno, que utilizó hasta perros para detectar “cuevas” (oficinas clandestinas de cambio), disparó el dólar paralelo (4.44 el oficial 5,60 en el mercado negro hasta el viernes). Y es que el carácter argentino se impone. No podía ser menos que Venezuela en estas lides donde existen tres tipos de cambio.
La falta de dólares, el estancamiento de la actividad económica y la inflación, se mezclan con la guerra política que el peronismo, en su fase kirchnerista y en su rol más anodino del gobernador Daniel Scioli, desataron en la estratégica provincia de Buenos Aires. Los fondos que el gobierno nacional está obligado por ley a girarle a las provincias, en Buenos Aires, no llegan a tiempo y ya hay municipios que pronto se convertirán en un polvorín de demandas. Así el panorama, vuelca al país más austral del continente en una nueva recurrencia de lo que fue su pasado inmediato más negro. Una película repetida, una nueva crisis de la bipolaridad (pasar de la euforia a la depresión) que caracteriza a la Argentina.
Una Argentina cargada de recursos, donde la presidenta, Cristina Kirchner -en quien las palabras “Néstor” y “modelo”, podrían expresar una tendencia a la palilalia-, siempre enfrentada con los periodistas suele ser “mal” interpretada por los hombres de prensa. Algunos de los cuales comienzan a rever su postura crítica hacia su gobierno y su conducta después de “la misión de negocios” que la semana pasada encabezó en su visita a Angola, una nación petrolera, donde impera un régimen minado por la corrupción y en su presidente, José Eduardo Dos Santos, gobierna desde hace 32 años.
Incluso hay periodistas que ya planean levantar un “altarcito” de agradecimiento con la foto de Cristina Kirchner, convencidos como están que la mandataria en el fondo vela porque a los trabajadores de prensa nunca les falte ocupación.
De ese viaje, descripto con detalles por la jefa de Estado, no hay grandes resultados. Sólo que el gobierno argentino necesita asegurarse la provisión de petróleo para paliar sus crisis energética. Y ya se sabe los riesgos de inestabilidad que pesan sobre Venezuela.
Por eso Sudamérica siempre aparece como un territorio fértil a la hora de repetir tendencias y errores. Una región donde abundan los casos de patologías de la percepción dignas de estudio. No es la primera vez que en Colombia poderosos sectores se esfuerzan en bloquear los caminos para la paz, como tampoco es el debut en Argentina e eso de transitar por una cornisa económica, sólo disimulada con los altísimos precios de la soja, de la misma manera que Venezuela esconde sus dramas con la renta petrolera. Tampoco es la primera vez que tanto Uribe como Chávez expresen las expresiones más acabadas del autoritarismo regional o que en que el país refundado por Juan Perón a mediados de siglo XX, la soberbia y la estridencia son las naves que transportan a los gobernantes en ese viaje al ridículo. Y desde esos destinos, desde el autoritarismo y desde el ridículo, de donde siempre es imposible regresar.
FUENTE: eluniversal.com.mx





