De “ismos” estamos llenos: carlismo y el leninismo, el peronismo, el pinochetismo, el chavISMO

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De “ismos” estamos llenos: carlismo y el leninismo, el peronismo, el pinochetismo, el chavISMO

José Vales Desde el Cono Sur – NaionalISMO

 

De “ismos” estamos llenos. La política en todas las latitudes se nutre de ellos que suelen dinamizar la historia en  todos los tiempos. El carlismo y el leninismo, el peronismo y el gaullismo, el franquismo y el pinochetismo o el uribismo y el chavismo. En todas las épocas ayudan a sintetizar ideas, pero también tendencias ideológicas como el neoliberalismo y el nacionalismo.  Y justamente en esa dicotomía, entre esas fronteras, la región pegó una serie de bandazos en los últimos 20 años. De la liberalización a ultranza, pasó por todas las crisis posibles hasta abrirle las puertas a una suerte de nacionalismo que parece esparcirse por algunas naciones con génesis independentistas comunes pero con derroteros políticos bastante de disímiles. En todos los casos, en la actualidad sus coyunturas se asemejan y los discursos de corte nacionalista parecen venirle como anillo al dedo a los respetivos gobiernos de turno para gestionar, ocupar toda la escena política, pulverizar a los sectores de oposición o eclipsarlos,  controlar instituciones y de paso atomizar a la prensa. Todo hasta transformar las democracias en algo “Sui Generis”, donde los oficialismo tienen que lidiar contra sus propias contradicciones y no mucho más.

Pero a los discursos hay que rellenarlos bajo el riesgo eterno de que queden huecos. Y no son pocos los gobiernos que lo llenan, cuando no con palabras, con gestos o políticas que o bien terminan siendo una escenografía o logran el efecto contrario de sus anuncios. Formulados ellos, casi con exclusividad bajo el manto del NacionaLISMO. Lo es en Venezuela, como lo fue antes en otros países y en otros tiempos. Lo sigue siendo en Bolivia, donde Evo Morales cada tanto se autohomenajea y nacionaliza una empresa o un sector de la economía para después dejarlo en manos privadas y extranjeras, como ocurrió con el gas en 2006, y ahora lo es en Argentina, donde la necesidad imperiosa de recursos y la recurrente costumbre de alimentar el mito del NacionalISMO, lleva al gobierno a pensar en exclusiva en el déficit fiscal y todos la gama de opciones que permite el folclore y la historia del peronismo, algo más que una referencia política, casi una referencia cultural a esta altura de la historia.

El peronismo supo explotar todo lo referente a lo Nacional y Popular como pocos movimientos políticos en América Latina. Aún cuando “lo nacional”, y las nacionalizaciones en sí, representan un tópico sensible y caro en la región desde los tiempos en que el General Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo mexicano. Incluso no faltan quienes lo resumen por esos rumbos, como si de aquella gesta estas puestas en escena.

El NacionaLISMO en América Latina parece una marca registrada. No en vano, se apela a él y a toda su gama de sinónimos cuando la economía apremia, la coyuntura política es propensa y las papas queman.

El presidente Ecuatoriano, Rafael Correa, cuando se toma un respiro de su deporte favorito de perseguir periodistas, suele apelar a él con cierta frecuencia. Ordena no renovar el acuerdo para que las tropas estadounidenses abandonen la base de Manta, pero mantiene intacta la dolarización. Eso sin contar que el muy activo antimperialista de Correa, es uno de los mandatarios regionales que milita en el club de los gobiernos pro mineros. Una forma bien particular de cuidar los recursos nacionales.

Hugo Chávez, hace del nacionalISMO, uno de los pilares de su doctrina de poder. Nacionaliza la faja del Orinoco, pero el principal operador allí termina siendo la estadounidense Chevrón. Sin ningún prurito ideológico, ya que sigue siendo “el imperio” el principal destino del petróleo venezolano, sin importar las diatribas casi diarias que suele lanzar contra la Casa Blanca.

Evo volvió a apelar a la vena nacionalISTA, el pasado martes cuando anunció la expropiación de una red de tendido eléctrico en manos de empresas españolas. No por necesidad imperiosa de fondos, como le pasa a sus amigos argentinos, sino porque los médicos siguen en pie de guerra contra le gobierno, los indígenas que le reclaman avanzan sobre la Paz y la Centro Obrera Boliviana (COB) volverá a las calles esta semana para seguir ahondando el caos de la protesta y serruchando porciones de popularidad al presidente. Fue en el marco de ese desespero que Evo apeló al NacionalISMO, después de respaldar a la española REPSOL por como terminó su millonaria historia en Argentina.

En Argentina la expropiación de REPSOL ya es ley. Una ley celebrada por todos, incluso muchos opositores en una votación histórica. Y es que el petróleo vuelve a estar controlado por el Estado, y se celebra. Lo hacen los mismos que en esa Cámara de Diputados en los 90 habían votado por su privatización, apelando por entonces a “las necesidades de nacionales..”

La primera prueba de que de ese NacionalISMO, solo existe por ahora en las últimas cuatro letras de esa palabra, la tendrá esta semana la presidenta cuando algunas de las empresas a las que el gobierno contactó para ingresar con el negocio a YPF, piden aumentos en los precios del gas en boca de pozo, un régimen fiscal especial y otras prebendas para asegurarse de que no seguirán en el futuro el derrotero de REPSOL. Principalmente dos empresas estadounidenses que son las que esta etapa prefiere la presidenta para equilibrar con Barack Obama y su gobierno.

En todos los casos, en el argentino y en los otros países, esas conductas amparadas en el nacionalismo se caen por su propio peso. Nadie cuestiona que los recursos no renovables pertenecen a las naciones, pero el problema que la idea de Nación en muchos países sudamericanos sigue siendo eso, algo parecido a una idea. Un concepto un poco más vació e inocuo que hace unas décadas. Una Nación se construye con justicia, educación, salud, valores comunes, equidad de oportunidades y reglas comunes. A esos conceptos apelan la mayoría de pensadores, arrancando por Adam Smith, cuando se refieren al tema. Una Nación es tal cuando las necesidades básicas de la población están satisfechas, sólo así cabrían los rótulos como el de Nacionalismo, podría escribirse completa, con el ISMO y todo. Se convertiría en una corriente histórica y no en el título de episodios aislados como el de una embajadora interrumpiendo al canciller británico, para pedirle que “su gobierno le de una oportunidad a la paz”. Cabe señalar que la embajadora en cuestión es Alicia Castro, representante argentina ante el Reino Unido y no una ciudadana japonesa viuda de John Lennon, que de las artes diplomáticas lo ignora todo. No. Fue hasta febrero último embajadora en Caracas y su presentación en sociedad en su nuevo destino londinense no pudo haber sido más bochornosa.

NacionalISMO no es un video sobre los juegos Olímpicos, realizado en secreto en las Islas Malvinas por expreso pedido de la presidencia de la república, sino un papelón, que por estas horas ensombrece los festejos del kirchnerismo por la expropiación de YPF. La empresa que fue del Estado, privatizada por el peronismo con el apoyo de la familia Kirchner, después de ser sometida a numerosas irregularidades sin control estatal y cuyos restos vuelven a ahora a la esfera de lo público.

Y es que, como se puede observar, en estos países la idea de Nación, la construcción de las Naciones que sustenten el nacionalismo, suelen comenzar siempre al revés. Por el ISMO antes que por lo Nacional. Todo eso que encierra el concepto de Nación aún sigue siendo una asignatura pendiente, tanto aquí como en el resto de América Latina. Y eso tal vez siga ocurriendo porque, se hizo carne eso de no aplicar los remedios de cuajo o la histórica costumbre de colocar el carro por delante de los caballos y bastardear todo lo que refiere a lo Nacional. De ahí que de ISMOS estemos llenos y de Naciones, de lo que se dice Nación con todo lo que ello significa, sigamos tan pero tan escasos.

FUENTE: El UNIVERSAL.MX